¿Reto o Amenaza?

A menudo, las situaciones que se nos plantean (o planteamos) ante nosotros, da igual del tipo que sean (personales, profesionales, académicas) y que tienen la característica común de poseer cierta complejidad, a unas personas nos provoca la percepción de amenaza, y a otras, la percepción de reto o desafío.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué a unas personas se nos dispara “la alarma” del miedo primero y después de la ansiedad (proceso de estrés), y en otras personas se pone en marcha un mecanismo de adaptación que dispone a la persona a planificar y regular su conducta para superar “el obstáculo”?

En primer lugar, efectuamos una primera valoración de las demandas de la situación, según el modelo transaccional de estrés (Lazarus y Folkman, 1984), y decidimos si nos resulta irrelevante, benigna-positiva, o estresante. De ésta última, a su vez, podemos extraer si implica daño o pérdida, amenaza, o desafío. Después, efectuamos una segunda valoración en la que hacemos una apreciación del repertorio de comportamientos o habilidades que tenemos para hacer frente a la situación estresante. Por último existe una fase de selección de la respuesta, que es la elección que la persona realiza, de acuerdo con las valoraciones previas.

Si esto es así, ¿por qué unas personas tenemos la sensación de disponer de los recursos (internos y externos) necesarios para superar la situación, y otras no?

Pues parece ser que influyen diversos factores; estructurales por un lado, como la personalidad; y ambientales por otro, como la experiencia, el aprendizaje, nuestra educación, nuestra cultura, creencias, etc. Todo este cúmulo de factores, que interactúan entre sí de forma dinámica, da lugar a algo que llamamos autoconcepto, que es algo subjetivo. A su vez, el autoconcepto influye en los demás factores, al generar un proceso afectivo, motivándonos o desmotivándonos para mejorar y valorarnos más, o menos.

Entonces, para poder empezar a enfrentarnos a situaciones teniendo la sensación de poder hacerlo, o incluso crear nosotros mismos las metas u objetivos a alcanzar y superar, debemos aumentar nuestro autoconcepto.

¿Y cómo se aumenta el autoconcepto? Pues con paciencia y perseverancia. Como no podemos cambiar la personalidad, porque es algo muy estable y puede variar muy poquito, es mejor que trabajemos sobre los demás factores (experiencia, aprendizaje, cultura, educación, creencias). Es un proceso laborioso, que necesita trabajar todos los días un poquito. Podemos hacerlo por nuestra cuenta (muy complicado pero no imposible), o ponernos en manos de un Psicólogo, que nos pueda ayudar.

Aquí quiero solo señalar algunas tácticas o estrategias para aumentar un poquito nuestro autoconcepto y evaluar si lo hemos conseguido o no.

En primer lugar, y antes de nada, debemos hacer repaso a nuestra historia personal y comprobar si en algún momento nos hemos enfrentado a situaciones que nos han parecido difíciles y hemos conseguido superarlas. Si es así, que seguro que hay una o varias, debemos escribirlas en un papel y ponerlas en un lugar donde las podamos leer todos los días (la puerta de la nevera, o algún lugar más discreto como la puerta de nuestro armario ropero, por la parte interior).

Por otro lado, tambien nos puede ayudar a aumentar nuestro autoconcepto (complementando el párrafo anterior) nuestro nivel de conocimientos. Leer todos los días, al menos 20 minutos, nos hará más cultos (20 x 365 días son unas 122 horas al año de lectura). Aprender temas variopintos, nos ayudará a abrir nuestra mente a otros puntos de vista, y a permitirnos también ampliar nuestras conversaciones con otras personas. Ésta es otra cosa que nos ayudará a aumentar nuestra autoconcepto, conversar con otras personas (conocidas o no) de diversos temas con la seguridad y confianza en lo que decimos.

Otra cosa importante que nos ayuda a mejorar nuestro autoconcepto es tener una red de apoyo social. Para ello hay que trabajar las relaciones interpersonales, de forma que nos puedan ayudar a percibir las situaciones, con otros puntos de vista. Es importante cultivar las habilidades sociales (comunicación verbal y no verbal).

Podemos hacer más cosas, como participar en cursos y talleres de psicología positiva, pero no me quiero extender más. Creo que haciendo solo estas tres cosas que propongo, durante un año al menos, nos hará percibir que somos capaces de hacer un poco más, de sentir que hay situaciones que ahora nos parecen un reto, y antes nos parecian una amenaza. Nos ayudará mucho, muchísimo,  poner por escrito lo que queremos hacer, con fecha y hora, y tenerlo a la vista todos los días.

¿Nos atrevemos a dar el paso?

3 comentarios en “¿Reto o Amenaza?

  • Primero, la valoración: genial, como siempre.
    Ahora el comentario, ya conocía la “película de los éxitos” pero también conviene ver de vez en cuando la “película de los fracasos” para no pecar de exceso de confianza. Por otra parte, no creo que la personalidad no se pueda cambiar (o al menos lo que yo entiendo por personalidad, quizás esté equivocado). Finalmente hay que cambiar y vencer la resistencia al cambio que muchos tenemos (teníamos), hace unos años no hubiera creído ser capaz de tener la adaptabilidad al cambio que tengo ahora y como dice Pako el cambio sucede independientemente de que lo quieras o no, ¿quién se ha llevado mi queso?

    • En primer lugar, muchas gracias por leerme (y tan rápido), José Antonio. Tu eres “un alumno aventajado”. Ya comentaremos en directo el tema de la personalidad.

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