¿ESTÁS EN TU CAMINO AL ÉXITO?

En primer lugar disculparme porque la semana pasada no fui capaz de publicar este post. Además me gustaría que fueras un poquito condescendiente conmigo porque he decidido tomarme unas pequeñas vacaciones blogueras 🙂 , pero prometo volver en 15 días con más y mejores contenidos.

En el último post expliqué en qué consiste la autoconfianza y el estilo de apego, así que nos quedaría saber cómo podemos desarrollarlos con el objetivo de completar y conservar lo que para mí son los verdaderos nutrientes del éxito duradero, reforzándose los unos a los otros en una espiral sin fin.

Pues bien, la autoconfianza está íntimamente ligada a la autoeficacia y consiste, básicamente, en creer o confiar no solo en tener los recursos necesarios para afrontar una situación (autoconfianza), sino además en poder llevar a cabo las acciones necesarias para realizar una tarea de manera exitosa.

¿Cómo puedes potenciar tu autoconfianza y autoeficacia?

  1. Haz una lista de tus logros pasados. Has llegado hasta dónde estás porque has superado obstáculos o conseguido metas, ¿cierto? Si además eres capaz de identificar qué fortaleza(s) te ha(n) facilitado el logro, mejor que mejor.
  2. Aprende de los que ya están dónde tú quieres llegar. Pregunta, escucha, observa. Averigua qué puedes adaptar a tu situación personal y ponlo en marcha.
  3. Rodéate de personas entusiastas que te animen a conseguir tus objetivos, que crean en ti, que te apoyen. Y si no es así, diles que si te quieren ayudar ¡que se callen!, que no maten tus sueños.
  4. Interpreta positivamente tus emociones. Ponerse nervioso/a, por ejemplo, no es síntoma de no poder hacer algo, sino de ser responsable y estar comprometido/a con la tarea (quizá incluso demasiado). Solo tienes que aprender a regular tu emoción de forma saludable y seguir adelante.

Conoce tu estilo de apego y podrás empezar a manejarlo

Aunque el estilo de apego se forja en la infancia, ser consciente de él te ayudará a manejarlo y modularlo a tu favor.

Como todo aprendizaje conlleva un periodo de incomodidad pero te aseguro que el esfuerzo vale su peso en oro porque es una ganancia para toda la vida.

Aquí van algunas pistas gráficas.

ApegoAdulto

En función de cómo nos vemos y valoramos (más o menos confiables, merecedores de afecto y atención por parte de los demás) y qué imagen/esquema mental tenemos de los demás en general (si son de mayor o menor confiabilidad e intencionalidad sana), tendemos a posicionarnos en uno de estos 4 estilos:

  1. Seguro.- Tener una imagen positiva de nosotros mismos y de los demás nos predispone a acercarnos e involucrarnos positivamente con otras personas, ya que nos sentimos cómodos en esa cercanía.
  2. Preocupado.- Una auto-imagen positiva junto a una imagen negativa de los demás aunque nos permite potenciar nuestro desarrollo personal, nos hace desvalorizar la importancia de los vínculos sociales (desconfiamos y nos ponemos a la defensiva), lo cual nos priva de ese recurso tan positivo.
  3. Evitativo.- Al contrario, una auto-imagen negativa pero positiva de los demás aunque nos impulsa a relacionarnos e intimar con otras personas no nos permite llegar a materializarlo correctamente, ya que al temer ser rechazados o poco valiosos terminamos evitando ese acercamiento, o lo hacemos tímidamente.
  4. Temeroso.- Tener una imagen negativa de nosotros mismos y de los demás nos hace sufrir una elevada ansiedad ya que, aunque nos gustaría intimar, no nos permitimos acercarnos demasiado a los demás (porque no nos fiamos), sintiéndonos frágiles y dependientes al mismo tiempo aunque lo tratemos de contrarrestar con “un caparazón” como mecanismo de protección.

Si averiguas en qué cuadrante estás más o menos ubicado/a tú, podrás trabajar en uno u otro eje.

En mejorar tu autoconfianza y/o en mejorar el modo en que miras a los demás (aunque no nos podamos fiar de todo el mundo, tampoco podemos desconfiar de todos porque ahí estaríamos incluidos nosotros también).

Esta desconfianza supone al fin y al cabo un miedo a ese acercamiento. Como cualquier otro miedo se supera enfrentándolo y comprobando una y otra vez que no pasa absolutamente nada. De esta manera terminará extinguiéndose.

Trabajar estos nutrientes, poco a poco pero de forma perseverante, irá enriqueciéndote mental y emocionalmente hasta que consigas una fuerza interior que no habrá quien te pare.

¿Cómo lo sabrás?

En el momento que sientas (no que pienses) que estás en tu camino y que tarde o temprano llegarás a tu meta sin haber espacio para el retorno o el abandono, aunque sí para la flexibilidad en el progreso.

¿Y tú, estás ya en tu camino al éxito?

Fuente imágenes: elaboración propia inspirada en “Disfrutar de las emociones positivas”, de Enrique Fernández-Abascal.

 

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