El Salario del Miedo

¿Somos esclavos de nuestro trabajo? Es decir, ¿odio mi trabajo pero me aguanto por el sueldo que cobro a final de mes? ¿Vivimos, realmente, solo el fin de semana? Me temo que, por desgracia, así es en muchos casos. La razón o la lógica nos dice que debemos aguantar porque nos hace falta el dinero. La emoción nos dice que enviemos el trabajo a “freir espárragos”. ¿Hay término medio? ¿Hay alguna solución? Afortunadamente sí. ¿Es fácil? No, pero el camino hacia la mejora no es tan duro como aguantar un tercio de nuestra vida haciendo algo que odiamos.

¿Y en qué me baso para afirmar esto? Pues por un lado en las teorías de la Psicología Positiva científica (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000), y por otro en mi propia experiencia, y en las de otras personas que conozco. La psicología positiva nos dice que determinadas conductas, estados psicológicos, y emociones positivas nos permiten progresar y mejorar la calidad de nuestra vida (cfr. Flow, Cskiszentmihalyi, 1997). Veamos qué podemos hacer.

Lo primero que debemos hacer, es decidir firmemente que esa situación la queremos cambiar,  que vamos a esforzarnos (quizás no tanto como al ir todos los días al trabajo que odiamos) y no vamos a desistir hasta que consigamos el cambio. Después, pensar concienzudamente (y para eso hay que darse tiempo) si lo que realmente nos desagrada es nuestro trabajo en sí, la empresa, o nuestros jefes y/o compañeros, ya que no es lo mismo una cosa que otra. A partir de aquí, debemos poner en marcha un plan de acción para llevar a la práctica un viraje o cambio de rumbo, con la plena conciencia de que es un cambio que costará meses o años, pero con la satisfacción de que estamos pilotando nosotros la nave, y que llegaremos al puerto que queremos (o a uno muy cercano), y por lo tanto, la situación más o menos dramática que estemos viviendo es algo temporal.

Para ayudarnos, la psicología positiva nos enseña que mantenernos en un estado de alegría (nos ayudará la música, el humor, y relacionarnos con gente positiva) durante más tiempo que en estado de tristeza, y hacer ejercicio físico (aeróbico) a diario, así como cuidar la alimentación, nos produce una mejora del bienestar físico y psicológico subjetivo que nos inyectará energía para vivir el duro proceso de cambio, pero que merece la pena.

Dependiendo de lo que queramos cambiar, los plazos de ejecución serán mayores o menores. Por ejemplo, si queremos cambiar de trabajo, tendremos que decidir a qué nos queremos dedicar que nos guste mucho, y nos apasione como si fuera nuestro hobby. Para esto hay que dedicar, al menos una hora todos los días a pensar y buscar lo que realmente nos gustaría (a mí me costó un año). Una vez detectado, deberemos saber en qué punto nos encontramos,  para dar el siguiente paso: si ya tenemos el conocimiento o debemos adquirirlo; si tenemos los contactos o debemos crear la red. En cualquier caso, quiero insistir que esto lleva tiempo; no deja de ser un viaje con sus tiempos necesarios en las distintas etapas. Por ejemplo, no recuerdo ahora el nombre, pero había un par de amigos que siempre estaban organizando fiestas cuando estaban en la universidad (y no estudiaban, claro), y pensaron que podían dedicarse a ello. Crearon una empresa de servicios (ya tenían muchos de los contactos necesarios) para organizar eventos para empresas y particulares (despedidas de solter@, fiestas de fin de año, celebraciones de empresas, etc.), y se lo pasaban genial trabajando (y encima les pagaban).

Para no extenderme demasiado, me gustaría dejar clara una pauta que deberíamos seguir siempre para cualquier tipo de mejora a realizar en lo laboral. Y es tener claro qué valor podemos aportar a una empresa o cliente (al fin y al cabo es lo mismo). Si realmente podemos aportar valor,  con la certeza de nuestra competencia y con nuestra autoestima en buen equilibrio, podríamos hasta elegir a qué empresa/cliente queremos ofrecer nuestros servicios. Creo que estamos ante un cambio de era, y no sirven los antiguos patrones de comportamiento. Ya no sirve buscar una empresa que te contrate para toda la vida (“colocarse” como se decía), ya no sirve hacer las 8 horas justitas y olvidarse hasta el día siguiente, ya no sirve decir “si quieren que aprenda algo que me forme la empresa”, y en horario laboral, claro. Hemos de cambiar nuestros esquemas mentales y pensar que ahora debemos ser “proveedores” de servicios autónomos (aunque estemos en plantilla), y por lo tanto debemos formarnos continuamente por nuestra cuenta, aprender nuevas habilidades (comunicación, inteligencia emocional, inteligencia social, a hablar en público, a vender…). Así empezaremos a pensar a quién quiero dar mis servicios y dejar de pensar quién me querrá contratar. Y la cosa cambia, eh?

Es cierto que el horno no está para bollos, y hay que ser un optimista inteligente y no ilusorio, pero precisamente por eso hay que entrar en la espiral sin fin de la mejora contínua (¡ojo!, no de trabajar más horas, sino mejor). Si conseguimos trabajar agusto, las horas que dediquemos no nos pesarán como una mochila de piedras. Así que si estás en una empresa y no eres feliz, empieza a virar el timón de tu barco, y te harás un favor a ti, y a la empresa. Y sé que con la que está cayendo, esto es duro de decir, pero siempre hay oportunidades para los valientes y decididos. De verdad, se abren caminos que antes de andar no se veían. Es como ir a subir una montaña y mirar hacia arriba desde la base; pensaremos “Dios mío, si no veo donde agarrarme!”, pero en cuanto empiezas a subir, vas viendo los huecos donde agarrarte, y cuando vas subiendo y miras hacia abajo, piensas: “Dios mío, ¿cómo he conseguido llegar hasta aquí?”.

¿Somos esclavos de nuestro trabajo? ¿Intentamos mejorar? ¿O  esperamos a que la cosa cambie sola?

Hasta pronto!

2 comentarios en “El Salario del Miedo

  • muy bueno, totalmente de acuerdo. lo confirmo con mi experiencia personal en la empresa.
    ademas, me ha llamado mucho la atención eso de que somos proveedores de servicios autónomos. cosa muy real, pues es a lo que las empresas quieren llegar, que todos seamos como trabajadores autónomos. en esta “crisis” se puede ver cómo se quiere acabar con la negociación colectiva, y lo que desearía el gran empresario es negociar con cada uno de sus trabajadores las condiciones en función de su valía. se terminó lo de “colocarse” y “mis 8 horas y a casa”.

    en mi opinión, la retibución variable en función de la llamada productividad “por objetivos” se verá incrementada en todos los sectores, no sólo en el comercial.

    un saludo!

  • Gracias, Alejandro. Así es, la retribución variable se irá imponiendo de forma natural en esta nueva era que estamos “dando a luz”.

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