¿El dinero no da la felicidad?

Me gustaría desgranar un poco  en este post la frase tan repetida que dice: “El dinero no da la felicidad”, y por supuesto utilizar alguna perspectiva desde la psicología positiva (SeligmanCsikszentmihalyi, 2000).

En primer lugar,  me parece una frase tan manida como ambigua, ya que se está hablando de dinero, pero no de una cantidad concreta. Si estamos hablando de 100 ó 200 euros, pues la mayoría dirá que efectivamente, el dinero no da la felicidad (a no ser que haya carencias básicas de alimentación y cobijo). Si no se sufre tanta penuria, pero se tiene deudas (p.e., una hipoteca), cien euros no nos iban a dar gran alegría, pero cien mil, o  trescientos mil sí (si con ello cancelamos nuestra hipoteca, y además sobra algo).

En cuanto a la referencia a la felicidad, habría que definir qué es la felicidad, si es que se puede definir de manera objetiva. Porque seguramente para cada persona, la felicidad supone una cosa diferente. Para mí, ser feliz puede suponer no tener deudas, y para otra persona ser feliz puede suponer tener 4 hijos, o ser Director General de una gran empresa. Con lo cual, la felicidad sería algo subjetivo, y por lo tanto dependería de cada persona.

Si echamos un vistazo a lo que dicen los expertos sobre la felicidad, y en especial desde el enfoque de la psicología positiva, observamos que la felicidad tiene en su origen dos componentes o dimensiones. Un enfoque hedonista (Kahneman y cols., 1999) retomado de la filosofía de Aristipo y Epicuro, que equipara la felicidad al placer de los sentidos y al éxito social (básicamente, dinero y poder). El segundo enfoque o paradigma sería el eudaimónico, retomado del pensamiento aristotélico, que considera que no todo el éxito social trae placer o bienestar, sino que la auténtica felicidad únicamente se alcanza con la autorrealización personal (Maslow, 1943). Finalmente, los datos derivados de varias investigaciones (Compton y cols., 1996) sugieren que ambos paradigmas (hedónico y eudaimónico), se solapan. De esta forma, la felicidad quedaría definida en la interacción de lo placentero y la realización personal.

Si tomamos esta última definición de felicidad como buena (yo estoy bastante de acuerdo), entonces podríamos decir que cantidades importantes de dinero pueden traer “un trozo” de felicidad, la relacionada con lo placentero, al poder realizar adquisiciones que de otra manera no alcanzaríamos. Pero claro, esto se queda cojo, porque otro buen trozo, el relacionado con la autorrealización personal no depende de dinero, sino de nosotros directamente (de detectar nuestros talentos genuinos, definir metas alineadas con nuestros sueños personales, “remangarse” y ponerse a ello). Por lo tanto, tener mucho dinero no es garantía de felicidad (aunque tener poco dinero, tampoco).

Si lo miramos al revés, y vemos una persona autorrealizada (se dedica a aquello que realmente le apasiona),  muy probablemente también habrá conseguido mucho dinero (en especial, si sigue desarrollando sus talentos y desplegando productos y servicios alrededor de ellos). Finalmente, parece ser, que para completar la felicidad hace falta algo más que autorrealización y dinero  (Argyle, 1987), y son las relaciones interpersonales y sociales con amigos, familia, y compañeros. Yo añadiría además para “cerrar el círculo”, que ayuda también tener alguien a quién querer y alguien que te quiera.

¿El dinero no da la felicidad? Si tenemos grandes problemas económicos y ya tenemos buenas relaciones interpersonales y autorrealización, sí. En caso contrario, sumar dinero a tu bolsillo provoca alegría, que como toda emoción, puede ser intensa pero corta en el tiempo, volviendo a tu estado mental inicial.

Hasta pronto!

Un comentario en “¿El dinero no da la felicidad?

  • Estoy totalmente de acuerdo, el dinero no da directamente la felicidad, aunque ayuda a conseguirla en los casos que el dinero es una consecuencia directa de tu realización personal.
    Si esta relación no fuera directa los casos de azahar (lotería, etc.) también darían una felicidad duradera, pero no lo hace (el 90% de los que le toca la lotería a los 10 años son más pobres que antes).

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