¿REVISAS LO QUE CUECES “EN TU OLLA” ANTES DE SERVIRLO?

olla
Hoy quiero centrarme en esos comportamientos que tenemos a diario que, sin estar rellenos de rabia, ansiedad ni malas intenciones (todo lo contrario), pueden ir deteriorando nuestras relaciones laborales y personales.

El tema adquiere mayor transcendencia cuando desempeñamos un rol de autoridad (directivo/a, profesor/a o padre/madre).

Aunque pueda parecer que tu autoridad tiene que estar por encima de la relación, es precisamente esto (cómo te relacionas) y las emociones que provocas, lo que produce unos comportamientos u otros, unos resultados u otros.

A menudo, tratando de ayudar a otra persona le decimos: “Mira, lo que tienes que hacer es…”, o “¡eso no es nada!, si te cuento lo mío…”, o “no le des tanta importancia, que es tu obligación”, o “la única verdad es… ¡y punto!”.

Me refiero a esas situaciones en las que queremos ayudar, servir o acompañar al otro en su malestar, fallo, pérdida o mejora, pero no comprobamos primero cómo estamos nosotros.

¿Mi yo físico, mental y emocional está en cierta armonía?, ¿voy a ayudar al otro con mi presencia o voy a transmitirle mis miedos, mis creencias, mis preocupaciones?

Es decir, ¿soy consciente de si “mi caldo”, si lo que estoy cocinando en “mi olla” es nutritivo y valioso o, por el contrario, está soso, rancio o caducado?.

A menudo, llegamos y… ¡zas!, servimos dos o tres cazos de nuestro caldo.

Y encima decimos “¡mira qué caldito te he traído, bebe, bebe! Sin ni siquiera olerlo, probarlo, degustarlo ni paladearlo nosotros previamente, por si por una de aquellas no le pudiese sentar bien al otro.

Como es el caldo que preparamos todos los días, suponemos que es bueno. ¡Cómo no va a ser bueno si es el caldo que tomamos nosotros y nos va fenomenal! (¿estamos seguros?).

Ese caldo, obviamente, está compuesto por una amalgama de nuestras creencias, prejuicios y paradigmas, aliñados con variopintas especias adquiridas a lo largo de nuestra vida en forma de aprendizajes y experiencias.

Todo ello, quizás, muy válido para nosotros en otra época (o incluso en la actual) pero que puede no sea plato de buen gusto para el otro.

¿Qué podemos hacer entonces?

En primer lugar, revisar lo que echamos dentro de la “olla” cada día. Que la materia prima sea de la mejor calidad posible (información, conversaciones, pensamientos).

ingredientes calidad

Después, oler y probar “lo que cocinamos” para ver si está en su punto, crudo, pasado o le falta una pizca de sal (¿te gustaría a ti que te dieran un plato mal cocinado?).

Y finalmente, y lo más importante, preguntar al otro si quiere probar “nuestro plato” (opinión, consejo o cómo queramos llamarlo), antes de servirle.

Si nos dice que sí, le servimos “un cazo” para que compruebe qué tal. Si vemos que le gusta, le servimos más. Si frunce el ceño, nos retiramos.

Es decir, preguntar al otro si quiere saber nuestra opinión o nuestro punto de vista es la base para no ir por ahí creyendo que ayudamos y luego preguntándonos qué ha pasado cuando nos dan de lado o “huyen de nosotros”.

Porque hay veces que ayudamos más si nos vamos, si no hacemos nada, si no decimos nada.

Porque hay veces que una simple mirada cómplice, empática, cercana, es mucho más eficaz que el mejor de los discursos.

Porque, a menudo, ayudamos más “probando el caldo del otro” que dándole a probar el nuestro; es la mejor forma de comprender cómo se siente él o ella, y tratar de entender cómo se ve desde su punto de vista.

Porque ayudar a otra persona es:

  • Servir (sin caer en servilismos)
  • Dar ejemplo (coherencia e integridad)
  • Preguntar qué necesita para crecer (no somos adivinos)
  • Generar un entorno de aprendizaje y seguridad psicológica (permitiendo el error)

Sin invadir, agobiar ni controlar cada paso y, por supuesto, sin hacer nosotros su trabajo.

Como te habrás dado cuenta, estoy hablando de auto-consciencia, auto-descubrimiento, empatía, comunicación inteligente, liderazgo transformacional…

En definitiva, de inteligencia emocional aplicada al entorno laboral, personal y educativo.

¿Y tú, pruebas tu caldo antes de servirlo o “sueltas dos cazos” nada más llegar?

Fuente imágenes: catalogomoda.com; tecnove.com Post inspirado en una conferencia de mi colega, el gran psicólogo Fidel Delgado.

4 comentarios en “¿REVISAS LO QUE CUECES “EN TU OLLA” ANTES DE SERVIRLO?

  • Totalmente de acuerdo. Con muy buena intención pero …. frecuentemente desorientamos más que orientamos, o inducimos al error al que lo necesita por no estar nuestros consejos adaptados a su realidad o a su manera de ser.

  • Gran artículo Juan Pedro,
    Existe la creencia, cada vez más extendida por cierto, que para ayudar a alguien, primero hay que querer (será porque es moda en bastante desuso en estos tiempos), coincido pues contigo que querer no es saber en este campo y no hablamos de un asunto de voluntarismo y si mas bien de aptitud y actitud para con y ante la persona que queramos ayudar…. Para conseguir el fin tan loable que nos propusimos necesitamos recursos y los encontramos en gran medida en la IE aplicada. Saludos y enhorabuena compañero!!

    • Muchas gracias, Enrique. Como siempre, tus comentarios enriquecen enormemente mis artículos. Gran explicación la que nos aportas sobre la diferencia entre querer y saber ayudar. Un abrazo!!!

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