¡NADIE TRABAJA PARA TI, NI SIQUIERA TUS EMPLEADOS!

NadieTrabajaParatiCon esto de la reinvención profesional que queremos fomentar debido a la falta de empleo, escuchamos a menudo eso de que si tú no confías en ti mismo nadie lo hará, o que si no te esfuerzas y trabajas para formarte, desarrollarte, o para vender, tampoco nadie lo hará por ti.

Y estoy totalmente de acuerdo. Nadie hace más por uno mismo que uno mismo (valga la redundancia). Si no hacemos mucho por nosotros y esperamos que los demás “nos saquen las castañas del fuego” podemos esperar sentados toda la eternidad.

¿Cómo podemos conseguir crecer y desarrollarnos a nivel individual? Con trabajo, esfuerzo, formación, actuando, no quedándonos pasivos, participando en foros, eventos, y sobre todo dando primero antes de pedir.

Si queremos recibir, primero tenemos que dar. Y aun así no está garantizado el éxito. Pero sin dar nada, solo pidiendo, o peor, exigiendo, tenemos asegurada la miseria.

¿Y qué ocurre en las organizaciones? Exactamente lo mismo. Existe la creencia errónea, arrastrada de la era industrial, de que los empleados trabajan para su jefe o para la empresa. Si yo soy directivo y creo que mi equipo trabaja para mí, tengo una perspectiva totalmente equivocada.

Con una mirada del S.XX en una época del S.XXI no voy a poder conseguir desplegar el talento, el compromiso y la proactividad de mis empleados o colaboradores.

¿Por qué? Porque me basaré, seguramente, en pedir y en exigir. Y muy poco o nada, en dar. Justo lo contrario de lo que se necesita para tener éxito en la época actual, llena de incertidumbre e inestabilidad.

No quiero decir con esto que no haya que ser exigente con los resultados, sino que no podemos pedir y exigir a los demás sin dar nada a cambio. Un día, quizá nos lo pasen por alto, pero si lo hacemos de forma continua o crónica conseguiremos justo el efecto contrario.

Me explico. Cuando contratamos personas, pagamos un salario a cambio de unos conocimientos, un tiempo y una dedicación a nuestro proyecto. Además, si lo hacemos medianamente bien tendremos definido el puesto de trabajo con sus objetivos, funciones, roles y competencias necesarias para el correcto desempeño.

A partir de aquí volvemos al punto de partida de este post. Si queremos crecer y desarrollarnos como empresa, la única forma (ética) es trabajando y demostrando coherencia como directivos, y si queremos que nuestros empleados/colaboradores vayan más allá de lo que dice el contrato (en horas, objetivos, roles, tareas, etc.) tendremos que ofrecer nosotros más incentivos o beneficios de lo que dice el contrato (y no tiene por qué suponer un coste económico).

bueno_malo_SBMEs decir, no podemos firmar un contrato con unas determinadas condiciones y después exigir tareas, pasión, compromiso y dedicación extra sin dar nada a cambio o sin dar primero algo, como decíamos al comienzo de este post.

Al menos no podemos esperar grandes aportaciones si no damos nada “extra” nosotros (prácticas saludables a nivel psicosocial y/o liderazgo emocional, por ejemplo). ¿A quién, medianamente inteligente, se le ocurre hoy en día pedir sin dar de una forma más o menos simétrica? A casi nadie en su sano juicio.

Y es que la firma de un contrato solo es un compromiso entre lo que el trabajador va a hacer en la empresa y el dinero que va a recibir a cambio. Ahí ya queda estipulada la compraventa y se salda la deuda cada mes. El trabajador trabaja lo pactado y cobra lo estipulado. Se acabó. No hay más exigencias ni compromisos.

Si queremos más, hay que recurrir a la innovación y la creatividad en gestión de personas, a la ética y al liderazgo emocional.

Conozco empresas que después de firmar el contrato “pasan olímpicamente” de lo que dice el convenio y ofrecen a los empleados algunos “extras” como que se tomen los días que necesiten ante un familiar enfermo, un traslado de vivienda o cualquier otra necesidad. Y todo ello sin encontrar “malas caras” o recriminaciones subrepticias por parte de sus jefes, que a la larga minarían irremediablemente la confianza entre ambos.

¿Qué ocurre con esto? Que el trabajador que obtiene estos beneficios, generalmente, se encuentra en un débito moral hacia su jefe o la empresa, y cuando ésta le solicita un esfuerzo puntual, lo hace con la misma pasión y profesionalidad que muestra habitualmente (si hay un mal trabajador deberemos detectarlo, pero no tiene que pagarlo el resto del equipo).

Y así con el resto de factores psicológicos críticos que afectan a la motivación y satisfacción de las personas en el trabajo (comunicación clara, apoyo técnico y social, autonomía, feedback, variedad, clima, necesidad de crecimiento, significado, …), y por extensión, a su rendimiento y productividad.

Si nos queda claro que las personas trabajan para sí mismas y para nadie más, podremos empezar a implementar las estrategias y los medios adecuados para facilitar que los profesionales que trabajan con nosotros (no para nosotros) den lo mejor de sí mismos, colaborando con los objetivos del equipo y de la empresa de una manera armonizada con los suyos propios.

Huir del trabajo

Recordemos, para finalizar, que el miedo a quedarse sin empleo es un acicate muy potente para “pasar por el aro”, pero a largo plazo solo sirve para mantener en la empresa a trabajadores mediocres, aclimatados a hacer lo mínimo para que no los echemos, con resultados mediocres.

Si usamos el miedo para motivar conductas (aunque sea de forma subliminal), los buenos profesionales se irán en cuanto tengan la mínima oportunidad (que terminará llegando). Y esto sí que tiene un coste brutal a corto plazo.

Hasta pronto!

Fuente imágenes: muevetuscaderas.blogspot.com; ibermaticasb.com
                 loquesemeroboelsilencio.blogspot.com

 

 

14 comentarios en “¡NADIE TRABAJA PARA TI, NI SIQUIERA TUS EMPLEADOS!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *