GENIO Y FIGURA…, ¿HASTA LA SEPULTURA?

refran2Es bien sabido que el refranero español tiene un gran repertorio de locuciones para enviarnos el mensaje petrificado “una persona es lo que es y no puede ser otra cosa”:

  • Quien nace lechón muere cochino
  • El hijo de la gata ratones mata
  • La cabra siempre tira al monte
  • De tal palo tal astilla
  • La bodega huele al vino que tiene

El problema de fondo es que este tipo de refranes, al aludir a la identidad de la persona, transmite la idea de que es imposible un cambio o mejora.

Y cada vez que se produce en la persona una conducta que confirma la identidad atribuida, se le suelta el refrán de turno a modo de axioma.

A veces también se añade la coletilla “¿lo ves? ¡ya te lo decía yo!”, obviándose por supuesto cualquier comportamiento que falsaria la hipótesis de identidad.

Cada vez que ocurre esto supone una vuelta de tuerca más sobre la persona, que termina por creerse la atribución e impedirse cualquier posibilidad de mejora.

Esto es también lo que venía a decirnos hace muchos años (quizá estos refranes deriven de aquí) las teorías genetistas:

La vida de una persona está determinada por sus genes y no tiene nada que hacer.

Afortunadamente, se ha descubierto que los genes predisponen pero no determinan la vida de una persona.

De forma que el ambiente y el contexto interactúan con nuestros genes (epigenética), teniendo la capacidad de activarlos o desactivarlos.

O sea, que el que yo tenga un gen o conjunto de ellos (genotipo) no significa que su impacto físico y conductual sobre mí (fenotipo) esté 100% determinado.

El impacto final va a ser regulado por aspectos como:

  • El grado de pureza o contaminación del aire que respiramos
  • El nivel de contaminación acústica que nos rodea
  • La naturaleza de los alimentos que ingerimos a diario
  • El ejercicio físico que hacemos semanalmente
  • Los estados emocionales que vivimos habitualmente
  • El tipo de pensamientos que “masticamos” la mayor parte del día
  • El número de horas que dormimos plácidamente
  • La calidad de nuestras relaciones personales
  • El nivel de estrés percibido en nuestro día a día
  • El tipo de lenguaje que usamos al hablar(nos)

Si te fijas, la mayoría de estos aspectos epigenéticos son susceptibles de mejora usando nuestra voluntad para cambiar comportamientos y, por tanto, hábitos de vida.

Por supuesto no es instantáneo, no se hace con un simple chasquido de dedos o en un abrir y cerrar de ojos. Cualquier proceso de mejora lleva su tiempo debido a la forma en que funciona nuestro sistema nervioso.

Y aquí es donde tenemos un serio problema actualmente en los llamados países “desarrollados”. Parece que todo es fácil de conseguir, rápido y sin esfuerzo.

Vivimos lo que yo llamo “la falacia de la urgencia”: si no conseguimos lo que queremos, rápido y fácil, lo descartamos privándonos de una mejora sustancial a medio y largo plazo.

Poner el foco solo en el corto plazo (sin equilibrar con el largo plazo) se vuelve en nuestra contra porque muchas veces estamos cambiando, inconscientemente, bienestar inmediato por ansiedad y estrés tóxico a medio y largo plazo.

De ahí el tremendo “éxito” (sobre todo para el que lo vende) de las “dietas milagro”, de la “gimnasia pasiva”, de cursos tipo “aprenda inglés mientras duerme” y negocios estilo “hágase millonario en 10 días”.

Bueno, pues lamento decirte que cualquier proceso de mejora evolutiva “se cocina a fuego lento”, lo cual requiere un periodo inicial de incomodidad, paciencia y perseverancia para mantenerlo.

La buena noticia es que cuando introducimos cambios saludables en nuestro comportamiento diario y éste se convierte en un hábito, podemos mantenerlo el resto de nuestra vida de forma automática y, ahora sí, sin esfuerzo.

En la base de todo ello está la gestión de nuestros estados emocionales, ya que son nuestras emociones las que más fuerza tienen a la hora de dirigir el comportamiento.

Pero lo que realmente nos autoriza a hablar de todo este proceso de mejora en nuestro comportamiento es haber vivido un proceso de crecimiento y transformación en primera persona.

La Palanca del ÉxitoEsto, y mucho más, se explica con detalle en “La Palanca del Éxito, S.L. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Un libro ameno en el que a través de una historia real inspiradora con un diálogo con el genio del smartphone y mediante una guía práctica de inteligencia emocional, podrás iniciar tu propio proceso evolutivo de mejora (si quieres, claro está).

Para terminar, propongo modificar los refranes iniciales de esta manera:

  • Quien nace lechón muere cochino (en tu mano está llegar a reserva, ibérico recebo o cinco jotas)
  • El hijo de la gata ratones mata (de ti depende la calidad del ratón que caces)
  • La cabra siempre tira al monte (y puedes elegir subir a uno árido o con vegetación y frutales)
  • De tal palo tal astilla (pero se hereda el ADN, no el comportamiento. Éste se aprende y re-aprende)
  • La bodega huele al vino que tiene (con paciencia y trabajo se transforma en crianza, reserva o gran reserva)

¿Y tú, vas a hacer algún esfuerzo inteligente para mejorar?

¿O te vas a la sepultura tal cual crees que eres?

*También puedes leer “El ego pueda matar la empresa. ¿Quién lo gestiona?”

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