“Empresas Tanatorio”

tanatorioCuando entras en una empresa (de visita) y hay un silencio sepulcral, la verdad es que transmite seriedad y rigor, o al menos se suele percibir así. Esto, desde la perspectiva del cliente externo, causa una excelente impresión.

Ahora bien, cuando entras en esa misma empresa como cliente interno, es decir, como trabajador (ya seas empleado o directivo), ese silencio también es de agradecer; pero solo durante un rato (sobre todo en momentos de gran concentración). Después, necesitamos hacer una pausa atencional (e intencional) y “distraernos” conectando con algo que no absorba nuestros recursos mentales, y poder así recargar energía para volver a la concentración de la tarea productiva.

Si está mal visto en la cultura de esa empresa levantarse y hablar con un compañero (en voz baja), o girarse y comentar con el compañero de atrás algún tema irrelevante para el trabajo, o hacer “unas risas con volumen bajo” con el compañero/a de al lado, entonces se seguirá manteniendo ese silencio sepulcral (porque nos abstendremos de levantarnos y hablar), pero esto terminará acarreando un malestar emocional al trabajador ante la imposibilidad de expresar sus sentimientos y liberar así pequeñas tensiones cognitivas que se producen tras un periodo de gran concentración.

Si además, esos periodos cortos de “relax”, sí que están permitidos para jefes, mandos medios y directivos, se irá gestando un estado de ánimo negativo en los empleados. Y esto, con el paso repetitivo de los días, tal cual gota malaya, irá minando la motivación y la satisfacción de los trabajadores (sus emociones positivas). Éstos terminarán por “sovietizarse”, es decir, hacer lo mínimo exigible para que no los echen, bajando así el rendimiento en sus resultados.

Más habitual de lo deseable, el empleador al ver esa actitud, no se pregunta por qué se produce, tratando de indagar la posible causa, sino que suele servirle de excusa para ratificar alguno de sus esquemas mentales: “los trabajadores son vagos por naturaleza”. Lo que le anima a seguir con estrategias o políticas restrictivas en cuanto a descansos, permisos u otro tipo de “privilegio” para el empleado. Es decir, el directivo también se “sovietiza”, pagando lo mínimo para que el trabajador no se vaya a la competencia, ya que no lo considera un trabajador brillante (aunque realmente sí tiene la capacidad y las competencias para serlo).

Digamos que es un problema de actitud circular (la del empleado y la del directivo) que se sobrealimentan en una espiral negativa, lenta, pero sin fin.

A partir de aquí, la empresa se convierte en lo que yo llamo empresa-tanatorio. Parece que entramos en un velatorio en cuanto cruzamos el umbral de la puerta de entrada a la empresa, porque nos mostramos serios y apesadumbrados. Nuestro estado de ánimo baja. ¡Vamos, que en vez de dar los buenos días, lo que nos apetece es mostrar nuestras condolencias a los familiares del difunto que esperamos ver!

Es más, si estás atento durante un rato al silencio ambiental, el único sonido que se produce son expresiones “por lo bajini” del tipo ¡Ay, Señor, Señor!, junto a resoplidos de resignación.

Sala de reuniones tanatorioSi este tipo de empresa alquilase una sala para velar un difunto, nadie notaría la diferencia entre familiares, amigos, trabajadores o directivos. Todos tendrían el mismo aspecto serio, triste y resignado.

No hace falta ser muy inteligente, ni tener un MBA, para saber qué ventajas y beneficios pueden derivarse de un empleado que entra en la empresa con esa energía negativa en su sistema emocional. La máxima expectativa que podemos tener, es rezar para que se equivoque lo menos posible y que no nos contagie a los clientes externos, que son los que pagan las facturas.

¡Ojo! Y no es que quiera decir que la empresa se deba convertir en una sala de fiestas para que la gente trabaje a gusto, sino que debe permitirse momentos de concentración y algunos momentos (y solo algunos) de relax, de broma o de buen humor. Es decir, hay que evitar los extremos y quedarnos en el término medio.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Pues no es nada fácil, puesto que requiere un gran esfuerzo de autoconciencia y empatía por parte de empleados y directivos. Los primeros que deben actuar son los directivos y decir: ¡cuidado, que si seguimos así, el barco va a la deriva por mucho plan estratégico racional y calculado que exista!

Después, la dirección de la empresa debe introducir al plan estratégico (que seguramente ya contempla la parte económico-financiera, marketing, comercial y productiva), la “estrategia emocional”, es decir, cómo se deben gestionar los estados emocionales o afectivos de las personas que tienen que remar contra viento y marea, para que cuando vengan tiempos difíciles (como los actuales) estén dispuestos a dejarse la piel por y para la empresa.

Como dice mi amigo Iosu Lazcoz, las empresas suelen acogerse a la expresión “es que ya somos mayorcitos para estas cosas”, pero la realidad (aparte de ser una expresión que denota un amplio desconocimiento del funcionamiento óptimo del ser humano) es que las personas luchamos y nos dejamos la piel por un proyecto propio o por el que nos sentimos parte importante.

Y aquí es donde entra la gestión emocional como una pieza más insustituible del gran puzle organizacional.

Si desde dentro de la organización no podemos o no sabemos arreglarlo, será conveniente pedir ayuda externa, contratando a ser posible los servicios de un psicólogo organizacional, especializado en Salud Ocupacional e Inteligencia Emocional Organizacional. Éste deberá hacer en primera instancia una evaluación y emitir un diagnóstico proponiendo la intervención o intervenciones más adecuadas a cada caso, así como el perfil profesional especialista más adecuado para cada intervención.

¿Y tú? ¿Tienes la sensación de trabajar en una Empresa Tanatorio?

¡Hasta pronto!

2 comentarios en ““Empresas Tanatorio”

  • hla. ami me encantaria de trabajar en un tanatorio, pero nadie me da esa oportunidad es una profesion k me gusta munchisimo. hice un curso y practicas en tanatopraxia y tanatoestetica,, pero nada nadie me llama para trabajar.. un saludo de una malagueña..

    • Hola, Mercedes. Gracias por comentar. ¿Has probado tú a llamar si esperar a que te llamen? Muchas veces esperamos que nos llamen cuando, en realidad, es mucho más eficaz ser proactivos y llamar. Pero no llamar para “pedir trabajo” sino para “ofrecer valor” “ofrecer nuestro conocimiento y know-how”. No sé si me explico. Saludos y suerte, malagueña. 😉

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